22 mayo, 2009

El valor del cambio.


Dicen los monjes budistas que tienen por costumbre honrar las preguntas.  El motivo según ellos es porque éstas pertenecen al futuro, abren posibilidades y, por su propia naturaleza, inquietan y activan nuestra mente, mientras que las respuestas pertenecen al pasado, son estáticas y tienden a llevar a las personas a la acomodación y a la seguridad, no siempre ciertas.
Pues bien, siguiendo esta máxima, hoy quiero lanzar algunas. Incluso preferiría que aquellas que lance generasen otras preguntas en vez de respuestas, fomentando, así,  un sano escepticismo metodológico.
¿Y, porqué quiero hacer esto? Muy sencillo, ayer se celebró el Día de la Persona Emprendedora en Málaga, un interesante foro en el que se hablaron muchas cosas, algunas más válidas que otras, como suele ocurrir en estos eventos, algunas más estimulantes que otras, también.
Me llamó particularmente la atención la ponencia de Lotfi El-Ghandouri, fundador de Creative Society, muy atrevida y original, verdaderamente interesante, dónde se trataron temas relativos a la motivación, el riesgo, la innovación y el cambio.
La chispa surgió ahí, al referirse al cambio y en el modo en que lo hizo. El-Ghandouri aludía a la rapidez en la que en estos momentos se suceden los cambios, también se habló de la posibilidad de cuantificar los cambios, cuántos cambios más están ocurriendo en 2009 respecto a 1999 (cuestión que, a modo de busqueda,  igual también podriamos preguntar a ese futurible denominado Wolfram Alpha), si este ritmo continúa, cuántos habrá en 2015.
El momento de la cifra llegó. Unos 100 cambios al año, 100 transformaciones, innovaciones, lanzamientos de nuevos productos o servicios...100.
Ahora bien, ¿podemos, en vez de cuantificar, cualificar los cambios? o ¿cuántos de esos cambios representan un progreso sustantivo, a la manera de Weber, para la sociedad en su conjunto, para el bienestar de las personas, sea cual sea su condición social, nivel de ingresos, status laboral, género, lugar de procedencia, nivel educacional, creencia, ideología, disposición, en definitiva, a tod*s nosotr*s?
¿Acaso no hace más de 2000 años que no sucede algo así? o peor aun, ¿ha sucedido alguna vez?.
¿Cuándo, un progreso materializado, no ha sido mediatizado por algún tipo de condicionante social o cultural?
¿Quién, qué o cómo se decide el nivel de significación de esos cambios y su supremacía sobre otros?
¿Conseguiremos superar este reto en la era de la Sociedad del Conocimiento?.¿Podemos sustantivar los cambios? ¿llevarlos más allá de lo puramente tecnoestético? ¿Estamos preparad*s para llevar la Innovación Social a sus últimas consecuencias? en definitiva, ¿queremos personar los cambios, dotarlos de sentido, de amor, de imaginación, de respeto, y de libertad?
Estas son mis preguntas.



2 comentarios:

franciscoluisbenitez dijo...

Muy interesante tu post, y con preguntas abiertas que sin duda serán las que definirán el futuro de esos cambios, que espero que sean más califlicables que cuantificables, por el bien del desarrollo de la humanidad. Es el momento de pasar a cuantificar más los hechos que las cosas, parafraseando a Wittengenstein, si me lo permites. En fin seguiremos en contacto y te añado a mi blogroll. Nos seguimos viendo en la 2.0

Sergio Rosillo Povedano dijo...

Muchas gracias por tu comentario Francisco y por tus valiosas apreciaciones. Estoy completamente de acuerdo contigo cuando te refieres al valor de los hechos, coincidimos también con el ilustre Wittgenstein. El proceso de cambio ha de ser, como todas las acciones, elaborado. Pienso que sí sólo nos fijamos en el valor material de los cambios tecnológicos, económicos o sociales, no conseguiremos el sustrato necesario para experimentar una verdadera Sociedad del Conocimiento. La sustantivación de los cambios, su cualificación no acontecerá por arte de magia, es una dinámica en la que debemos implicarnos y el momento no puede ser más propicio, entre otras cosas por las transformaciones del paradigma comunicacional, cosa que ayer explicaste magistralmente.
Por cierto, como habrás observado, he citado la fábula de los monjes y las preguntas, fue una de esas cosas estimulantes a las que hacía referencia en este post.
Gracias de nuevo.
Estamos en contacto.

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