09 julio, 2009

El Trabajo que viene...


El presente post es un resumen de las discusiones abiertas en el grupo de LinkedIn [e+1] dedicado a reflexionar sobre la naturaleza y los cambios en el Trabajo sucedidos tras la irrupción de lo que ya se empieza a denominar como Nueva Economía y que prefiero llamar Economía del Riesgo.
La discusión se inició en un tema que giraba en torno a cómo están cambiando los espacios de trabajo y, desde mi punto de vista, creo que esto es debido a un fenómeno más amplio por el cual está transformándose el trabajo como hecho social en si.
Estamos asistiendo no sólo a un periodo de incertidumbre económica, crisis o como queramos denominarlo, sino también a una época de cambios sociales, cambios en la estructura del contrato social válido hasta ahora en las sociedades, así llamadas, avanzadas.
Mientras que hasta la mitad del siglo pasado el trabajo fundamentalmente vertebró el crecimiento económico y social del mundo occidental, trabajo que era básicamente fabril y con unas condiciones muy definidas en cuanto a localización, tiempos y estructura se refiere, hoy por hoy, las nuevas condiciones de la globalización, los nuevos ritmos de la economía de servicios personalizados, la perdida de importancia de la fabricación, al menos en los países desarrollados, están desvelando una nueva estructura del empleo ( o del desempleo como opinan Gaggi y Narduzzi), una estructura en la cual la flexibilidad y la deslocalización hacen las veces de nuevas bases de dicho contrato.
Dicho de otro modo, la nueva vuelta de tuerca del sistema económico avanzado, tecnológico, cuaternario, demuestra la escasa importancia relativa del factor trabajo dentro de las dinámicas de desarrollo y maximización de beneficios.
Este nuevo escenario más flexible y dinámico puede ser visto como una oportunidad para los trabajadores, evidentemente no para todos, de mejorar su calidad de vida en términos de mayor libertad de acción y movimiento, menores constricciones y más conciliación pero, no nos engañemos, para muchas empresas esto supone sólo mayores beneficios, en cuanto a que un trabajo deslocalizado, personalizado y que gira en torno a la figura de profesionales libres desvinculados de éstas, supone una reducción de costes.
Así, me gustaría añadir otra pregunta a este debate, y es ¿cómo será el trabajo del futuro? ¿Qué bases adoptará nuestra sociedad para efectuar su desarrollo si se siguen manteniendo grandes bolsas de desempleados? ¿Cual será el carácter del nuevo contrato social?.
Seguidamente, cuando digo "no nos engañemos" me refiero a que para la gran mayoría de empresas, y esto lo puedo corroborar con mi experiencia, un aumento en sus beneficios, ya sean estos materiales o inmateriales, no siempre implica una mejora de las condiciones laborales.
Esto según lo entiendo, es un problema de cultura empresarial, un problema típicamente, como decirlo, mediterráneo, en cuanto al sentido antropológico. Desgraciadamente, el empresariado tradicional que hemos vivido (o padecido) y que en muchos casos aún está en vigor, no entendía nada de la expansión de los beneficios a los trabajadores, de cómo esta expansión los hace participes del proyecto que se emprende y de cómo esta participación a largo plazo aporta valor a la actividad.
Como bien decía Ruyman Gil García, si algo es bueno para la empresa o sus beneficiarios directos, debe serlo también para aquellos que colaboran con su tiempo y su trabajo en dicho proyecto.
Mi única objeción es que las sinergias a las que hace referencia, difícilmente se plantean desde una orientación bottom-up por lo que, si no existe una disposición inteligente e innovadora desde los órganos directivos, rara vez se dan.
Por otro lado, es cierto que se empiezan a contar, y no pocos, proyectos empresariales innovadores desde el punto de vista social y, que además, están teniendo éxito.
Esperemos que la inercia de estas empresas, que representan una auténtica nueva cultura empresarial, arrastre a un conjunto más amplio de actividades y renovemos nuestro espíritu empresarial, paso que creo ineludible para afrontar las nuevas dinámicas de la economía del riesgo.
Imagen cedida por EverJean (Flickr username), bajo CC license.

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